Una buena Obra Parte II

One good deed

Umar se estaba dando cuenta rápidamente de lo difícil que resultaba concentrarse en efectuar reparaciones cuando tienes un arma apuntando a tu cabeza. Evidentemente, debería haberle sido obvio desde el principio que verse retenido como rehén iba a ser estresante, pero ésta era una de esas verdades que no se pueden comprender plenamente hasta que las experimentas de primera mano. Era algo parecido a cómo esos letreros de advertencia de «Resbala cuando está mojado» te parecen redundantes hasta el día en que haces un derrape en medio de una lluvia torrencial.

─Sin nervios con las comunicaciones ─indicó el captor de Umar con un tono firme y mesurado─. Esto no es más que una reparación de emergencia normal, ¿verdad? ─El hombre bien podría haber estado pidiéndole a Umar que le pasara el nuoc cham, en vista a la nula preocupación que parecía estar causándole la situación actual.

─Correcto. ─Sólo se trataba de tu reparación de emergencia normal y cotidiana en la que alguien ha secuestrado tu nave y está situado justo detrás de ti por si se da el caso de que necesita abrirle un agujero de ventilación a tu cerebro con una descarga de plasma. Totalmente normal. Umar respiró hombro y dejó de pensar en todo eso. Necesitaba centrarse. Su vida no era la única que pendía de un hilo. Con unas cuantas pulsaciones familiares en la consola, Umar lanzó el dron de reparaciones Shake en dirección a la fuente de la baliza de emergencia: una Terrapin a la deriva emitiendo unas señales infrarrojas preocupantemente intensas.

Con el dron de camino, Umar llamó a la Terrapin empleando su tono de voz más profesional y tranquilizador. ─¿Doctora Hostan? Soy Umar, de In-A-Fix. La respuesta llegó inmediatamente. ─La planta de potencia está experimentando un fallo en cascada crítico y mis refrigeradores están a punto de ceder ─le informó la doctora Hostan mientras la oía respirar con dificultad. La temperatura dentro de la nave debía de ser casi insoportable. A pesar de que vestía un traje protector con casco, el pelo de la doctora estaba pegado a su cabeza por el sudor. ─El contador Geiger va a cien. No creo que me quede mucho tiempo. Umar agradeció la eficiencia informativa de la doctora. No culpaba a las personas que entraban en pánico cuando se producía una emergencia, pero sin duda ayudaba cuando lograban conservar la calma. Eso le daba a él una herramienta adicional con la que trabajar en vez de un problema más que resolver.

─El dron casi ha llegado. Tan pronto como el escaneo de diagnóstico completo esté terminado, sabremos qué está causando el fallo en cascada. Mientras tanto, voy a necesitar que haga una purga completa de sus refrigeradores. No servirá de mucho, pero nos dará un poco de tiempo.

─Sólo dígame qué debo hacer.

Umar empezó a guiarla a través del procedimiento para sortear los protocolos de seguridad de los refrigeradores. La doctora era una alumna brillante y no tardó mucho en lograr llevar a cabo la complicada invalidación manual. Se trataba de una maniobra que la jefa de Umar, Jess, le había enseñado cuando él apenas había empezado a trabajar en esto. Era un buen ejemplo de la filosofía de «a veces, si quieres arreglar una nave, tienes que romperla todavía más». Si conseguían volver a poner en marcha la Terrapin, los refrigeradores tendrían una funcionalidad tremendamente limitada en comparación con sus parámetros operativos normales. Pero ése era un problema para más adelante. La primera prioridad consistía en no explotar.

─La temperatura ha bajado un poco ─dijo la doctora Hostan, claramente aliviada─. Eres un hacedor de milagros.

─No crea, doctora. Usted es quien ha hecho todo el trabajo duro ─contestó Umar. Una ventana emergente en su terminal le indicó que acaba de llegarle un nuevo paquete de datos─. Parece que acabo de recibir el escaneo de diagnóstico, por lo que voy a pedirle que beba un poco de hidrogel mientras yo reviso los datos. No quiero que se desmaye de repente.

Mientras la doctora Hostan se daba la vuelta para buscar un paquete de gel que conectar a su traje, Umar apagó su audio y vídeo mientras él seguía escuchando por el canal.

─Ése ha sido un buen truco ─comentó su captor cuando el canal de comunicaciones hubo sido silenciado.

─Sí ─dijo Umar prestándole poca atención mientras estudiaba detenidamente el informe que los escáneres de Shake le habían transmitido.

─Lo que quiero decir es que probablemente acabas de salvarle la vida, ¿y con eso qué? ¿Vas a recibir tu tarifa de reparación estándar por esto?

─¿Te importaría no hablar? Estoy intentando figurarme como… ─Umar dejó la frase sin terminar mientras verificaba frenéticamente las cifras que había obtenido de Shake.

─¿Qué es eso? ─preguntó su captor mientras se inclinaba hacia la terminal para ver mejor.

─Coge ese datapad ─dijo Umar haciendo un gesto hacia el sitio donde había un tosco modelo de tres generaciones de antigüedad sujetado a una pared─. Abre el manual de la planta de potencia modelo DayBreak. Debería estar justo en la carpeta.

Si Umar hubiera estado mirando a su captor en vez de atareado indicándole a Shake que realizara un escaneo más profundo de los conductos de alimentación axiales de la Terrapin, habría podido verle titubear. Para poder utilizar el datapad tendría que enfundar su arma. Vigilando atentamente a Umar para asegurarme de que no se trataba de alguna artimaña, el hombre enfundó su pistola y quitó el datapad de su soporte. Después de que se inicializara, encontró y abrió el manual. ─Vale, ¿y ahora qué?

─Aquí ─dijo Umar mientras agarraba el pad. Desplazándose por su pantalla, encontró el apartado que estaba buscando y lo leyó rápidamente. Luego, maldiciendo para sus adentros, volvió a leerlo.

─Basta ─dijo su captor─. Dime qué está pasando.

Umar arrojó el datapad contra la consola. ─¿Sabes algo de reactores?

─Sólo lo suficiente para no tocar ninguno.

─Entonces la versión corta es que, gracias a los genios de Sakura Sun, la buena doctora está bien jodida. Verás… ─dijo Umar mientras hacía rotar las lecturas de escáner que mostraba su terminal. ─El DayBreak fue diseñado con estas supuestas mejoras de rendimiento que lo más probable es que hagan que la planta de potencia se sobrecargue con mayor rapidez si yo intento arreglar el problema. Y no hacer nada tampoco es una opción porque todo va a estallar dentro de unos cuantos minutos de todos modos. Por lo que, sí, está jodida.

─Maldita sea ─contestó su captor, inclinándose todavía más hacia el terminal. Señaló el conducto axial ─. Y si intentas hacer una derivación, sólo conseguirás que se activen estos sistemas redundantes.

Umar alzó una ceja, ligeramente sorprendido por la rapidez con la que su captor había entendido el problema. ─Sí, así es. Noventa y nueve de cada cien veces, esta configuración sería ideal, pero cuando se da esa única excepción, es una verdadera putada.

El hombre volvió a ponerse completamente erguido, con una mano apoyada en su cadera y cerca de su pistola. ─ Entonces, ¿qué vas a hacer?

─Se trata de lo que tú vas a hacer ─dijo Umar con su mirada desviándose hacia la pistolera de su captor ─. Tú eres el que se dedica a amenazar con disparar a la gente.

La respuesta vino acompañada de un profundo suspiro. ─Quieres que ella haga EVA hasta aquí antes de que tú empieces las reparaciones.

─Es demasiado peligroso hacerlas con ella todavía en el interior de la nave, pero si está a bordo de la Vulcan, podemos situarnos más allá del radio de la explosión y seguir siendo capaces de controlar los drones. A lo mejor logro repararlo a tiempo. A lo mejor no soy lo bastante rápido y la cosa explota. Pero en cualquier caso, la doctora saldrá con vida.

─De acuerdo. Hazlo.

─¿Lo dices en serio? ─preguntó Umar, dejando a medias el razonamiento que estaba preparando mentalmente para la discusión que estaba seguro que se iba a producir.

─Sí. No sé cuánto más segura va a estar ella conmigo por aquí, pero es estúpido dejarla morir ahora sólo porque yo podría acabar haciendo que la mataran más tarde. ─Y dejándolo así, el captor de Umar fue hasta la silla del piloto para orientar la escotilla de la Vulcan de manera que la doctora pudiera llegar a ella desplazándose en EVA únicamente en línea recta.

Umar encendió el comunicador. ─Doctora, ¿puede oírme?

─Sí ─contestó la doctora Hostan─. ¿Qué dicen los escáneres?

─Voy a necesitar que haga EVA hasta la Vulcan.

─¿Voy a perder la nave?

─En estos momentos no puedo decirlo con seguridad, pero no quiero arriesgarme.

─¿Tengo al menos tiempo suficiente para retirar mis discos de investigación? ─preguntó la doctora. Era lo más preocupada que Umar la había visto hasta ahora.

─Sí, pero dese prisa, doctora ─contestó Umar en contra de lo que le decía la sensatez─. Dedique un minuto a recoger lo que pueda, pero luego salga inmediatamente.

Sin tan siquiera molestarse en responder, la doctora se apresuró a recoger los datos que había reunido con los sensores de la Terrapin.

─Dile que se olvide de eso ─dijo el captor de Umar mientras hacía que la Vulcan se alejase bruscamente de la Terrapin.

Antes de que Umar pudiera preguntar qué diablos estaba pasando, la nave entera se estremeció y los escudos destellaron debido a un impacto directo de láser.

Umar llamó frenéticamente a la doctora. ─Los planes han cambiado, doctora. Necesito que se quede a bordo. Tenemos compañía.

─¿Cómo me han encontrado estos cabrones? ─dijo el captor de Umar mientras esquivaba la siguiente andanada.

Umar comprobó el radar y vio que había dos naves aproximándose rápidamente a su posición. ─¿Quienes son?

─Un par de matones de medio pelo.

─¿Y pensabas que podrías darles esquinazo con mi nave?

─Ése era el plan.

─Te habría salido mucho mejor si no hubieras dejado atrás mi dron.

─¿Me tomas el pelo? No me digas que tenías registrado el puto trasto.

─Con todos los papeles en regla y… espera, ¿adónde vas? ─preguntó Umar cuando apareció un mensaje alertando que Shake iba a quedar fuera de alcance.

─Nos estoy sacando de aquí cagando leches. ─Otra ráfaga de láseres falló por muy poco la proa de la Vulcan.

─No. Vamos a quedarnos y arreglar esa nave.

─No voy a morir por ella.

─Yo tampoco, así que procura mantener esas naves lejos de ella y de nosotros.

 

Tras soltar una retahíla de maldiciones, el captor de Umar tiró de la palanca de vuelo para orientar la Vulcan hacia la Terrapin. ─Tienes la gran suerte de que soy un magnífico piloto. Umar volvió a abrir las comunicaciones. ─Doctora, dado que hacer EVA ya no es una opción válida, voy a empezar las reparaciones de emergencia. La doctora encajó las noticias con calma.

─Buena suerte.

─Lo mismo le digo, doctora. Si tiene algún mensaje que desearía transmitir, siéntase libre de enviármelos.

─Eso haré. Gracias. ─Y con eso, la doctora Hostan cerró el comunicador.

 

Umar abrió rápidamente la compuerta del hangar de drones para poder lanzar el último que le quedaba, Spear. Aunque no estaba preparado para este tipo de trabajo delicado, Umar iba a necesitar todas las manos a su disposición. ─El dron está saliendo. ¿Puedes darle cobertura?

─Estoy en ello ─replicó el piloto, quien viró bruscamente la nave hacia un lado. Situó la Vulcan entre los dos atacantes y la doctora. Cambiando de panel de mandos, el piloto hizo uso de las torretas de control remoto para establecer una amplia área de fuego de contención, obligando a las naves enemigas a alterar su rumbo. Uno de los aspirantes a asesino vio esto como una oportunidad e intentó aproximarse a la sección ventral de la Vulcan, pero el piloto estaba esperándolo y lo recibió con una andanada de los cañones principales, arrancando parte del ala de babor del atacante. El daño no era suficiente para sacarlo de la pelea, pero le daría al piloto enemigo algo en lo que pensar. Mientras tanto, Umar había estado cortando el panel de acceso en el grueso blindaje de la Terrapin hasta lograr abrirlo y alcanzar los mecanismos internos. Controlando ambos drones conjuntamente, comenzó el difícil proceso de detener el fallo en cascada y suprimir toda la energía sobrante. En ese preciso momento, el conducto axial entró en acción y, tal como Umar había predicho, la planta de potencia respondió aumentando su producción de energía. Ahora le tocaba a Umar soltar una sarta de improperios. Centrando su atención en la nave herida, el captor de Umar pasó a la ofensiva. Esto le habría salido bien si los dos pilotos enemigos estuvieran trabajando un equipo, dado que hostigar a uno probablemente haría que el otro acudiera en su defensa, pero no hubo esa suerte. El atacante más alejado ignoró completamente los apuros del otro y se aprovechó del descuido de la Vulcan, acertándola de lleno. La cámara principal de la nave empezó a llenarse de humo. Por magnífico que pudiera ser el piloto, estaba en inferioridad numérica. ─¿Cómo van las cosas por allí?.

 

─Casi he terminado, de una manera u otra. ─Umar sólo disponía de la mitad de tiempo que le hacía falta antes de que tuviera lugar la explosión que iba a llevarse por delante la Terrapin y a la doctora. Lo que necesitaba era una manera de interrumpir de improviso toda la generación de energía sin provocar la explosión en el proceso. Consideró unas cuantas de las opciones que le quedaban, desechándolas tan rápido como pensaba en ellas. Si tuviera a mano una dotación completa de drones, entonces tal vez habría algo que pudiera hacer, pero con Liam abandonado junto a la Reliant de su captor, y la propia terquedad de Umar en no reemplazar a Wil después del accidente… su mente se quedó centrada en ese pensamiento. Wil. Unos cuantos años atrás, había perdido ese dron, junto a otros cuatro tripulantes, cuando lo que debería haber sido una reparación rutinaria fue catastróficamente mal. Mientras reparaba los conductos de uno de los propulsores de maniobra, una descarga electrostática inesperada había causado una descarga de retroalimentación que se había transmitido a través de los conductos de plasma. En esa ocasión, la descarga había tenido efectos letales, pero dado que la planta de potencia de la doctora ya estaba sufriendo un fallo en cascada crítico, existía la pequeña probabilidad de que si Umar lograra provocarla y emplear uno de sus drones para que actuara como un disyuntor auxiliar, pudiera interrumpir el fallo en cascada antes de que fuera demasiado tarde. Bueno, Spear, veamos cuán afortunado eres. El piloto acababa de soltar la última reserva de contramedidas de la Vulcan, desviando un mísil que explotó cerca de la nave. Su rostro mostró una sonrisa involuntaria. Después de la vida que había tenido, resultaba un poco difícil de creer que hubiera muchas posibilidades de que fuera a morir haciendo algo tan estúpidamente heroico. De repente, se produjo una segunda explosión muy cerca. Algo había estallado en el casco de la Terrapin. El piloto entornó los ojos en preparación para el destello cegador que se produciría cuando la Terrapin entera volara en pedazos, pero no ocurrió nada en absoluto.

 

─¡Ha funcionado! ¡No me puedo creer que haya funcionado! ─Umar había perdido su dron, pero había salvado la nave.

─No es que quiera interrumpir tus celebraciones, pero ahora mismo me vendría muy bien un poco de ayuda.

La atención de Umar pasó a centrarse en el combate espacial en curso. ¿Cuándo se había llenado de tanto humo el interior de la nave? ─Pásame el control de las torretas.

─¿Eres bueno con ellas? ─preguntó el piloto.

─Ponme alguien a tiro y lo averiguarás.

Con la incorporación de un artillero, emergieron las verdaderas capacidades de combate de la Vulcan. El piloto podía hostigar con los cañones principales una nave enemiga hasta situarla en una posición desde la que Umar podía acribillarla con los cañones montados en la torreta de control remoto. Trabajando en equipo, lograron reventar el ala de la nave que ya había sido dañada anteriormente. Sin una de sus armas, y apenas capaz de maniobrar, la nave decidió huir. El otro asesino, perdida su ventaja, optó por la prudencia e hizo lo mismo.

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Umar dejó sobre la mesa dos latas de gaseosa. La había llevado una hora más de trabajo aproximadamente para que la nave de la doctora volviera a estar en condiciones de volar, y el esfuerzo lo había dejado sediento.

Su captor, sentado en el lado opuesto de la mesa, abrió su lata y dio un largo trago. Cuando por fin apartó la lata para inspirar un poco de aire, sonrió. ─Supongo que me gusta el sabor a etrog.

─Vale, suéltalo. ¿Por qué ofrecen un precio por tu cabeza?

La sonrisa del captor de Umar se desvaneció. ─Sería mejor que no lo sepas.

─Sí, bueno, parece que ya es un poco tarde para eso.

Ambos permanecieron un rato sentados en silencio mientras Umar bebía pacientemente su bebida. Jugueteando con la anilla de la lata, su captor acabó por fin decidiendo hablar. ─Yo estaba trabajando para la familia Dranton, sacando contrabando de Carteyna, cuando fui marcado por las autoridades de Cano. No iba a poder hacer una huida limpia, así que solté el cargamento y salí corriendo. Resultó que en lo que había soltada había pruebas suficientes para encerrar por un buen tiempo a casi todos los Dranton. Supongo que eso no les sentó bien, porque Luke Dranton colgó personalmente la recompensa por mi cabeza. Se gastó casi todos los créditos que le quedaban para asegurarse de mi muerte. Eso fue hace un mes, y he estado huyendo sin parar desde entonces.

─Entonces, ¿deberíamos esperar la llegada de más compañía?

─Esos cabrones codiciosos seguramente no dirán nada a nadie hasta que ellos puedan volver a por nosotros, pero sí, volverán.

─De acuerdo. ─Umar se inclinó hacia atrás y terminó lo que quedaba de su bebida. ─Entonces será mejor que nos vayamos.

─Gracias. Si me dejas en Viruela, puedo apañármelas desde allí.

─De hecho, estaba pensando que primero podríamos hacer otra parada. Verás, resulta que me había topado con un pecio reciente antes de recogerte. Se lo había comentado a Jess, pero dado que In-A-Fix se encarga de las operaciones de recuperación, hay muchas posibilidades de que nadie sepa de su existencia salvo yo y ella. Si llegamos allí a tiempo, tendría que poder modificar los registros para que indiquen que falleciste en un trágico accidente.

─¿En serio? ¿Harías eso por mí?

Umar se limitó a encogerse de hombros. ─¿Qué quieres que te diga? Me gusta arreglar cosas.

FIN